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domingo, 3 de agosto de 2014

Estilo de vida para evitar el cáncer y otras enfermedades según Santa Hildegarda. Parte I - ReL

Estilo de vida para evitar el cáncer y otras enfermedades según Santa Hildegarda. Parte I - ReL

Estilo de vida para evitar el cáncer y otras enfermedades según Santa Hildegarda. Parte I

Quiero empezar  recordando  las cualidades  del remedio universal al que me  he estado refiriendo últimamente, el caldo de pies de ternera (ver post anteriores) que no solo es capaz de reparar las mucosas en casos de inflamación del estómago y los intestinos,  sino que, además, ayuda en las colitis, enfermedad de Cronh y en los casos de permeabilidad intestinal. También, en los casos de cáncer,  ejerce un efecto inhibidor  de la angiogénesis (proceso de generación de nuevos vasos sanguíneos que sirven para aportar  nutrientes­­ –"comida"– a un tumor),  gracias a las proteínas del colágeno procedente de los cartílagos como comentábamos. Otro alimento-medicina, muy  recomendado  por santa Hildegarda, es  la  espelta. En   sus múltiples presentaciones y formas de ser preparada,  produce  una serie  de efectos beneficiosos en nuestro organismo de los que solo destacaremos  hoy su  acción antiaglomerante  de los componentes sanguíneos  y reguladora del PH  de la sangre.

Muchos estudios, de universidades alemanas  especialmente, demuestran  que estas observaciones no son afirmaciones gratuitas de los amigos  de Santa Hildegarda ya sean médicos o pacientes.

Hoy quiero  referirme  de manera especial a un aspecto fundamental que, muchas veces en este mundo moderno sometido a un ritmo frenético, tenemos olvidado. Son realidades  que, a pesar de parecer verdades de Perogrullo, no están siendo  comprendidas por el gran público puesto que no llegan a convencer a la gente de la imperiosa necesidad de un cambio de formas de vida más saludables…

Estamos viviendo  en la actualidad un momento  en el  que la presencia de Dios en la vida social, en el imaginario colectivo, en los medios de comunicación y en todos los aspectos de la sociedad en general, casi no se percibe.

Una persona que se sabe hijo de Dios y que experimenta lo que significa ser un hijo querido por su Creador, debería  vivir  sin miedo. Sin embargo vemos que  el miedo está presente en la vida cotidiana en muchos ámbitos. El miedo desencadena en las  personas  muchos bloqueos y enfermedades, nos hace dependientes, manipulables e incapaces de tomar nuestras propias decisiones.

El miedo se manifiesta de muchas maneras:  Miedo ante las otras personas, a  Dios, ante la vida, miedo de los animales, miedo a las enfermedades como el cáncer,  miedo a perder la cabeza, a la vejez, etc.

Si  confiásemos en nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, no tendríamos miedo. La fuente de todo poder, Dios  Nuestro Señor, el Dueño del universo, es más fuerte que cualquier miedo. Jesús dijo : "En el mundo tendréis aflicción ; pero confiad, yo he vencido el mundo" (Jn. 16 , 33)  y  "Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida." (Jn.  5 , 12ss.)

Hoy quiero referirme a  los miedos en el ámbito de la salud. Con los avances de la Genética se han vuelto rutinarios los análisis que nos indican si tenemos un riesgo elevado o no de contraer determinada enfermedad  de acuerdo a nuestro material genético. Así vemos a muchas personas someterse a operaciones quirúrgicas muy agresivas, por miedo a padecer en el  futuro tal o cual  enfermedad, solo por el hecho de que en su familia se han dado varios casos.

Esta manera de ver las cosas adolece de un determinismo como si cada ser humano no fuese un hijo de Dios del cual Él se ocupa amorosamente en la medida en que nosotros le dejemos actuar.

Tampoco  las investigaciones científicas recientes  llevadas a cabo en los 5 continentes  arrojan resultados que apoyen esa forma de pensar  a la que me he referido.

En efecto, una  dieta sana y un estilo de vida equilibrado y  lleno de sentido  que permitan la plena realización de la persona,  afectan a nuestra salud en una proporción que alcanzaría el 80%, según confirman recientes  estudios globales muy serios. La incidencia de las enfermedades autoinmunes, en particular la tasa de cáncer, podría verse drásticamente reducida si atendiésemos a estas dos condiciones aludidas.

Santa  Hildegarda de Bingen ya hace casi 900 años  nos decía que debemos considerar la salud en sus  componentes físicos, mentales y espirituales  y que, en realidad  la salud,  depende principalmente del estilo de vida que llevemos y de como nos alimentemos.

En el post siguiente hablaremos en detalle de las reglas de vida saludables que  Santa Hildegarda nos regaló. (Continuará…)

Juan Antonio Timor.



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viernes, 1 de agosto de 2014

Respóndeme, Dios mío, en el tiempo de gracia.

SALMO  Sal 68, 15-16. 30-31. 33-34 (R.: cf. 14)
 
R. Respóndeme, Dios mío, en el tiempo de gracia.
 
 Sácame del lodo para que no me hunda, 
 líbrame de los que me odian 
 y de las aguas profundas;
 que no me arrastre la corriente, 
 que no me trague el Abismo, 
 que el Pozo no se cierre sobre mí. 
R. Respóndeme, Dios mío, en el tiempo de gracia.
 
 Yo soy un pobre desdichado, Dios mío, 
 que tu ayuda me proteja: 
 así alabaré con cantos el nombre de Dios, 
 y proclamaré su grandeza dando gracias.
R. Respóndeme, Dios mío, en el tiempo de gracia.
 
 Que lo vean los humildes y se alegren, 
 que vivan los que buscan al Señor: 
 porque el Señor escucha a los pobres 
 y no desprecia a sus cautivos.
R. Respóndeme, Dios mío, en el tiempo de gracia.

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domingo, 27 de julio de 2014

Isaías 55, 1-3

Isaías 55, 1-3

Así dice el Señor:
«Oíd, sedientos todos, acudid por agua, 
también los que no tenéis dinero: 
venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde. 
¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, 
y el salario en lo que no da hartura? 
Escuchadme atentos, y comeréis bien,
saborearéis platos sustanciosos.
Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y viviréis.
Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David. »


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PARA MEJOR LEER IR FINAL BLOG


«Vendrán de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios»

EVANGELIO DEL DÍA: 27/10/2010
¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68
Miércoles de la XXX Semana del Tiempo Ordinario
Carta de San Pablo a los Efesios 6,1-9. Hijos, obedezcan a sus padres en el Señor porque esto es lo justo, ya que el primer mandamiento que contiene una promesa es este: Honra a tu padre y a tu madre, para que seas feliz y tengas una larga vida en la tierra. Padres, no irriten a sus hijos; al contrario, edúquenlos, corrigiéndolos y aconsejándolos, según el espíritu del Señor. Esclavos, obedezcan a sus patrones con temor y respeto, sin ninguna clase de doblez, como si sirvieran a Cristo; no con una obediencia fingida que trata de agradar a los hombres, sino como servidores de Cristo, cumpliendo de todo corazón la voluntad de Dios. Sirvan a sus dueños de buena gana, como si se tratara del Señor y no de los hombres, teniendo en cuenta que el Señor retribuirá a cada uno el bien que haya hecho, sea un esclavo o un hombre libre. Y ustedes, patrones, compórtense de la misma manera con sus servidores y dejen a un lado las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos, que lo es también de ustedes, está en el cielo, y no hace acepción de personas. Salmo 145(144),10-14. Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder. Así manifestarán a los hombres tu fuerza y el glorioso esplendor de tu reino : tu reino es un reino eterno, y tu dominio permanece para siempre. El Señor es fiel en todas sus palabras y bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que caen y endereza a los que están encorvados. Evangelio según San Lucas 13,22-30. Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén. Una persona le preguntó: "Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?". El respondió: "Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán. En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: 'Señor, ábrenos'. Y él les responderá: 'No sé de dónde son ustedes'. Entonces comenzarán a decir: 'Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas'. Pero él les dirá: 'No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!'. Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera. Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios. Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos". 
Lc 13,22-30
Leer el comentario del Evangelio por  Misal romano Plegaria eucarística para la reconciliación, nº 2
«Vendrán de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios»
     Padre de bondad, tu Hijo ha dejado a tu Iglesia esta prenda de su amor. al celebrar, pues, el memorial de su muerte y resurrección, te ofrecemos lo mismo que tú nos entregaste: el sacrifcio de la reconciliación perfecta.      Acéptanos también a nosotros, Padre santo, juntamente con la ofrenda de tu Hijo; y en la participación de este banquete concédenos tu Espíritu, para que desaparezca todo obstáculo en el camino de la concordia y la Iglesia resplandezca en medio de los hombres como signo de unidad e instrumento de tu paz.      Que este Espíritu, vínculo de amor, nos guarde en comunión con el Papa Benedicto XVI, con nuestro obispo N., el colegio episcopal, y todo tu pueblo santo.      Recibe en tu reino a nuestros hermanos que se durmieron en el Señor y a todos los difuntos cuya fe sólo tú conociste.      Así como nos has reunido aquí en torno a la mesa de tu Hijo, unidos con María, la Virgen Madre de Dios, y con todos los santos, reúne también a los hombres de cualquier clase y condición, de toda raza y lengua, en el banquete de la unidad eterna, en un mundo nuevo donde brille la plenitud de tu paz, por Cristo, Señor nuestro. 

miércoles 27 Octubre 2010

Santos Vicente, Sabina y Cristeta


Santos Vicente, Sabina y Cristeta
Vicente, Sabina y Cristeta son hermanos. Han nacido y viven en Talavera (Toledo). Los tres disfrutan de su juventud —Cristeta, casi niña- y, como en tantos hogares después del fallecimiento de los padres, hace cabeza Vicente que es el mayor. Manda en el Imperio la tetrarquía hecha por Diocleciano con el fin de poner término a la decadencia que se viene arrastrando a lo largo del siglo III por las innumerables causas internas y por las rebeliones y amenazas cada vez más apremiantes en las fronteras. Diocleciano, augusto, reside en Nicomedia y ocupa la cumbre de la jerarquía; su césar Galerio reside en Sirmio y se ocupa de Oriente; Maximiano es el otro augusto que se establece en Milán, con su césar Constancio, en Tréveris, gobiernan Occidente. El presidente en España es Daciano hombre cruel, bárbaro y perverso, que odia sin límites el nombre cristiano y que va dejando un riego de mártires en Barcelona y en Zaragoza. Llega a Toledo y sus colaboradores buscan en Talavera seguidores de Cristo. Allí es conocido como tal Vicente, que se desvive por la ayuda al prójimo y es ejemplo de alegría, nobleza y rectitud. Llevado a la presencia del Presidente, se repite el esquema clásico, en parte verídico y en parte parenético de las actas de los mártires. Halagos por parte del poderoso juez pagano con promesas fáciles, y, por parte del cristiano, profesiones de fe en el Dios que es Trinidad, en Jesucristo-Señor y en la vida eterna prometida. Amenazas de la autoridad que se muestra dispuesta a hacer cumplir de modo implacable las leyes y exposición tan larga como firme de las disposiciones a perder todo antes de la renuncia a la fe nutriente de su vida que hace el cristiano. De ahí se pasa al martirio descrito con tonos en parte dramáticos y en parte triunfales, con el añadido de algún hecho sobrenatural con el que se manifiesta la complacencia divina ante la fidelidad libre del fiel. Bueno, pues el caso es que a Vicente lo condenan a muerte por su pertinacia en perseverar en la fe cristiana. Lo meten en la cárcel y, en espera de que se cumpla la sentencia, es visitado por sus dos hermanas que, entre llantos y confirmándole en su decisión de ser fiel a Jesucristo, le sugieren la posibilidad de una fuga con el fin de que, sin padres que les tutelen, siga él siendo su apoyo y valedor. La escapada se realiza, pero los soldados romanos los encuentran en la cercana Ávila donde son los tres martirizados, en el año 304. El amor a Dios no supone una dejación, olvido o deserción de los nobles compromisos humanos. Vicente, aceptando los planes divinos hasta el martirio, hizo cuanto legítimamente estuvo de su parte para sacar adelante su compromiso familiar.